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La pyme familiar o cómo lidiar con emociones y rentabilidad

La gestión de una empresa familiar no es fácil cuando se deben superar situaciones como la sucesión, una posible entrada de nuevos socios o la propia estrategia de futuro, ya sea hacia la reinversión o el reparto de beneficios. "Por una parte, la familia se rige por las emociones y el amor a sus miembros, por otro, ha de tener una visión más racional y buscar beneficios", aseguró en Cecot el abogado Jordi Tarragona en un acto organizado por el Club Financer & Fiscal de esta patronal. Para la incorporación de las nuevas generaciones, además de un protocolo a medida de la empresa, recomendó un "diálogo" sincero entre los familiares. Continuar, vender o cerrar es una reflexión que se debería hacer en todas las empresas familiares cuando hay relevo. La empresa y la familia son dos instituciones con fines y normas muy diferentes. "Una busca crear riqueza y medir resultados, por lo que es racional; la otra se basa en la felicidad y el amor, es emoción. Ahora bien, no son contradictorias, sólo hay que encontrar el equilibrio para que funcionen juntas". Así es como inicia Jordi Tarragona su libro Continuar? Vendre? Tarcar?, un manual con una larga lista de consejos y lecciones surgidos de su experiencia como empresario. Tarragona participó en un acto en Cecot, titulado "Empresa familiar, trets i reptes principals," en el que también intervinieron Alfonso Chiner, profesor de la cátedra de empresa familiar de IESE, que aportó la visión academicista, y Jordi Casas, de Casas Sabater, que ofreció su visión vivencial.

Regular las relaciones
Crear un protocolo familiar para gestionar las relaciones y situaciones como la sucesión es "importante, pues no se trata sólo de un "papel", sino que es una excusa para "generar diálogo" entre los diferentes miembros de la familia. Porque incorporar a la siguiente generación es una operación complicada ya que es "muy difícil encontrar el equilibrio" entre el compromiso, es decir, ejercer la dirección, y la libertad personal. "La empresa no deber ser una jaula de oro: si alguien quiere marcharse debe estar también previsto".

Un protocolo de este tipo también, dijo Tarragona, es una excusa para "hablar de futuro y cómo afrontarlo". Por eso, ese convenio, que debe estar "adecuado a cada empresa", no debe ser un "corta pega" y es conveniente, además, que "lo actualice cada generación de forma periódica". Regular las relaciones entre los miembros es crear un marco armónico, al que todo el mundo debe aferrarse, y por eso mismo debe actualizarse. Y es vital para que el tiempo transcurra sin sorpresas porque "a cada edad surgen diferentes intereses y prioridades. Por eso hay que prever cualquier tipo de circunstancia". Porque se pueden dar "peligrosas coincidencias", como la "madurez de la empresa y de los titulares que la gestionan. Ahora vivimos más y mejor. Pero los ciclos del negocio cada vez son más cortos". Y más en un momento en que no se debe mirar sólo el corto plazo. "Los mercados se están revolucionado todos. Por lo tanto, no hemos de mirar tanto la cuenta de explotación, sino como heredero del bisabuelo que fundó la empresa, debes acertar en la estrategia para que continúe". Jordi Tarragona también habló del buen gobierno de la empresa familiar y de aspectos como su profesionalización. E hizo especial hincapié en la contabilidad. "Con los números puede haber sorpresas, es decir, que en ocasiones contabilidad y realidad pueden no coincidir". Por ello, este experto aconseja "realizar inventarios de forma periódica".

En definitiva los pasos que Tarragona recomienda seguir son: salir del cuadro mental tradicional; profesionalizar la compañía, momento que se puede afrontar aprovechando, por ejemplo, la entrada de un nuevo socio ; cuidar la familia para que la empresa prospere, no tratarlas como a igual; saber que cada generación es diferente y que la necesidad de dinero puede ser básica para algunos socios; y planificar y no dejar para más adelante las decisiones difíciles.

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